Entrevista con David Oubiña

Por: Rebeca Moreno

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¿De dónde eres y dónde estudiaste?

Soy de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Hice mis estudios de grado en Literatura, en la Universidad de Buenos Aires. Luego hice algunas estancias de estudio en NYU y en la University of London, y finalmente regresé a la Argentina: en la Universidad de Buenos Aires recibí mi doctorado en Letras (con mención en cine).

¿Cómo decidiste dedicarte al cine?

Mientras estudiaba Letras en la UBA, también realicé en paralelo estudios de cine y trabajé durante varios años como asistente de dirección en películas. Siempre me gustaron las dos disciplinas y por un tiempo pensé que no podría mantener esa «doble vida» hasta que, finalmente, descubrí que podía ser un nómade que circulara entre ambas. Últimamente estoy más concentrado en el cine; pero creo que siempre pienso sobre los films con las herramientas que aprendí en la literatura.

¿Cómo fue tu primer vínculo con la Escuela de Español de Middlebury?

Hace varios años, cuando se abrió el programa de Middlebury en Buenos Aires, Liria Evangelista (la directora del programa) me convocó para enseñar el curso sobre Cine argentino. A partir de ahí, he enseñado todos los veranos para los estudiantes de Middlebury que vienen a la Argentina en el mes de julio. Cada año, espero con gran excitación la llegada del invierno a la ciudad para reencontrarme con los que vuelven y conocer a los nuevos. Siempre he pensado que aquellos que utilizan su vacaciones de verano para cursar una maestría deben tener un gran compromiso con el estudio. Y cada año, cuando comparto la felicidad de nuestros estudiantes, compruebo que es exactamente así.

¿Cómo describirías la experiencia de enseñar en el programa de Middlebury? 

En los años anteriores, he enseñado siempre en el programa de Buenos Aires: allí somos como una isla o un satélite de Vermont y conformamos un grupo muy unido que la pasa muy bien durante un mes y medio, recibiendo y compartiendo la experiencia de aprendizaje con los estudiantes que nos visitan. Este año, debido a la pandemia, ha sido la primera vez que –a la distancia– he enseñado en el campus de Vermont y he podido vivir esa experiencia de la que todos me hablaban: pasar un mes y medio intensivo conviviendo con los estudiantes y los profesores (aunque esta vez no haya habido presencia física en el campus sino a través de las pantallas de nuestras computadoras). Todo se ha multiplicado este año: he conocido a más profesores, he estado en contacto con más estudiantes, he participado en más eventos. Ha sido una experiencia muy enriquecedora, porque nuestros estudiantes son también profesores y, entonces, compartimos la misma pasión por aprender y enseñar. He vivido unas semanas de gran entusiasmo y mucho placer.

Durante estos tiempos de pandemia, ¿de qué manera las películas sirven para fomentar las relaciones humanas? 

El cine me ha servido para entender mejor el mundo en el que vivimos. Ya sean ficción o documental, las películas siempre son un testimonio de la época en que fueron realizadas. Este año en el que hemos vivido a través de las pantallas le ha dado, además, otros usos a los films. Porque el cine –como la literatura o la música– es una de las pocas actividades que podemos seguir llevando a cabo mientras permanecemos encerrados en nuestras casas. En estos meses, he intercambiado títulos con los amigos, he recibido recomendaciones sobre series de TV, he vuelto a ver películas que ya no recordaba. El cine ha ocupado buena parte de mis conversaciones por teléfono y mis encuentros por Zoom. Y hasta hemos recuperado las sesiones de cine familiar con mis hijos adolescentes que –antes de esto– no estaban demasiado interesados en ver películas con sus padres.

Y para cerrar, ¿qué mensaje, consejo o reflexión quisieras compartir con la comunidad en general de la Escuela?

Este año todo ha sido nuevo. Todo ha sido diferente. Todo ha sido un gran desafío. Hemos podido estudiar y enseñar y aprender sorteando todos los obstáculos posibles. Hemos sobrevivido a la experiencia y hemos tenido éxito. A pesar de la distancia, hemos estado más unidos que nunca. Eso nos vuelve más fuertes para el futuro. Ha sido un esfuerzo compartido. Nadie faltó nunca a clase, nadie llegó tarde, nadie dejó de hacer sus tareas, nadie dejó de participar en las discusiones. Como si todos hubieran entendido que el programa sólo funcionaría en la medida en que pusiéramos lo mejor de cada uno. Si podemos sacar algo bueno del COVID-19 es que saldremos de esta catástrofe y que seremos mejores.