El poder de la música traspasa fronteras por medio de procesos desconocidos. Su capacidad para realizar una variedad aparentemente infinita de funciones es sorprendente y bordea el misterio: divertir, relajar, emocionar, intrigar, y también curar, reparar…
Desde tiempos inmemoriales las sociedades y los individuos han recurrido a representaciones musicales con fines religiosos y espirituales, para ritos de paso, celebraciones de la vida, para invocar a los dioses o dar gracias por las cosechas. Pero también para curar las heridas del alma o del espíritu, y para rellenar carencias del cuerpo social. Esta mesa redonda aborda algunos ejemplos de esa función sanadora o reparadora de la música.
Ponentes
Juan Camacho: “El componente social de la música: su función restauradora”.
Paco Álvarez: “El poder integrador de la música: camino hacia la autoestima y la realización”.
Estudiantes de Nivel 2: Max Steiger y Savannah Wade
Moderadora de la mesa: Nicole Rodríguez