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La Conferencia Samuel Guarnaccia
Samuel Guarnaccia fue decano de la Escuela de español durante varias décadas, desde después de la segunda guerra mundial hasta los 60. Conoció a todo el mundo que pasó por aquí, y sobre todo a los estudiantes. Dejó en ellos una inolvidable impresión por sus cualidades personales. Uno de esos estudiantes, Paul Smith, profesor jubilado de la Universidad de California, ha querido honrar la memoria de Sam (como era conocido) dotando una serie de conferencias anuales. A ella han venido personas importantísimas en las letras y la cultura del mundo hispano, como Sergio Ramírez y Elena Poniatowska. Este verano contamos con la presencia de el poeta José Kozer.
Conferencia Guarnaccia con José Kozer
Una obra en tres movimientos
Conferencia Guarnaccia, verano 2021
Martes 27 de julio, 8:30 pm (Wilson Hall, MCC)
José Kozer, La Habana, Cuba, 1940. Es hijo de padre polaco y madre eslovaca, abuelos judíos ortodoxos, por línea materna, llegados a Cuba hacia 1920 y, por línea paterna, asesinados en campos de concentración durante la barbarie nazi. Kozer creció escuchando y hablando, incluso escribiendo el yidish con el castellano. Salió de Cuba en agosto de 1960, descontento con los objetivos políticos que surgían en la isla y se fue a vivir a Nueva York, donde había pasado un año antes, estudiando en New York University. Trabajó vendiendo avionetas para una compañía de Wall Street llamada Rea International, y hacia 1964 reinició sus estudios en lengua y literatura españolas y luso brasileña en NYU. Se graduó en 1965 con un B.A. y continuó estudiando hasta completar su M.A. en Queens College, donde empezó a dar clases en 1965, como miembro del Departamento de Lenguas Romances hasta 1997, llegando a obtener el rango de Full Professor.Kozer ha incursionado en diferentes géneros literarios: la traducción, en especial autores japoneses a partir de ediciones en inglés; el ensayo, sobre todo en cuanto digresión y reflexión, más que como disciplina académica; los diarios, en grandes carpetas, que viene escribiendo desde 1964; la profusa actividad epistolar que, muy bien, podría ser otro de sus géneros predilectos; y, sobre todo, la poesía. Ha escrito más de trece mil poemas, de los cuales sólo una mínima porción ha sido publicada. Es autor de más de cien libros de poemas y tres de prosa, publicados en México, España, EEUU, Cuba, Argentina, Perú, Venezuela, Alemania, Ucrania y Brasil. Ha sido traducido al inglés, portugués, ruso, alemán, bengalí, griego y, en la actualidad, dos de sus obras se traducen al italiano. Entre los estudiosos de su obra están Jacobo Sefamí, Michel Mendoza, Eduardo Espina, Adolfo Castañón, Jorge Luis Arcos, Roberto Echavarren, Tamara Kamenszain, Eduardo Milán y Boris Badía.
José Kozer es un escritor en el sentido absoluto de la palabra. Escribir es la actividad principal de su vida. Ese afán obsesivo está dado por la conciencia del registro como constancia fundamental del ser. Si no se escribe, no hay testimonio de existencia: no se vive. Para él, la literatura es una profesión que hay que llevar con rigor: cada libro (y cada cosa) tiene su sitio y su tiempo; sus diarios, poemas, correspondencia y demás están meticulosamente organizados en carpetas. Todo dispuesto con un sentido de obligación primordial con el lenguaje. El requisito indispensable es el de llenar los blancos que van dejando las fechas. De este modo, la poesía de Kozer está basada en la palabra como instrumento total para percibir y aprehender el mundo. Una cosa similar ocurre con Alejandra Pizarnik. La gran diferencia entre estos dos escritores es que mientras la argentina va en busca del silencio, el despojamiento de la palabra como único refugio alternativo (que, en los términos de su vida, significa suicidio), en el cubano la palabra es profusión, prolijidad, la aventura del lenguaje por todas las vías posibles-imposibles de expresión.
José Kozer es de esos poetas que nunca están conformes con su trabajo. Su literatura emerge a partir de la obstinación del idioma. A pesar de hablar y escribir con fluidez en inglés, eligió el español como modo de expresión (hay que recordar que en 1960 o 1965, el español no abundaba, como hoy, en Nueva York). Curiosamente, Kozer se ha convertido, con el tiempo, en uno de los mejores exploradores de la lengua: su poesía es invención, descubrimiento. Cada día, la tarea literaria consiste en reinventarse, imponer un nuevo orden al trabajo poético. A partir de 1983, el proceso de innovación, sobre todo a nivel de la construcción gramatical, se aceleró notablemente. La poesía de Kozer experimenta con el lenguaje a grados sumamente asombrosos: el verso larguísimo que puede alcanzar dos páginas; el paréntesis que adquiere nuevas funciones sintácticas; la indeterminación del sentido en favor de una predilección por la contigüidad asignificante, que favorece la sinécdoque; etcétera. Y todo esto en combinación con un examen riguroso de lo singular del momento actual, expresado en la multiplicidad de los temas desarrollados en su poesía, desde la crónica diaria de los quehaceres más banales, hasta la reflexión de fenómenos devastadores como el Holocausto.
