Entrevista con Chiara Donà

Por: Rebeca Moreno

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¿Dónde naciste y creciste? 

Nací en Italia, cerca de Milán, donde pasé los primeros dos años de mi vida. Mi familia es de Verona, una ciudad muy antigua en el norte de Italia. Allí crecí, pero ya desde aquel entonces mi vida fue marcada por las mudanzas: cambié de casa y de escuela muchas veces.

¿Dónde estudiaste? ¿Cuáles son tus temas de interés? 

Estudié en muchos lugares y carreras diferentes. Principalmente en Alemania. Tengo una maestría en Filología del Español y del Portugués y también del Alemán como L2 de la Universidad de Munich (LMU). Estudié también en México (UNAM) donde descubrí mi amor por la literatura latinoamericana y, en específico, la mexicana. En México he pasado muchos años de mi vida. También cursé la carrera de traducción en Córdoba (Argentina), porque por motivos familiares viví allá por 6 años. Lamentablemente, allá no pude terminar mis estudios.  Mis andanzas por los países latinoamericanos me forjaron y desarrollaron el interés por varios temas ligados a las Américas. Precisamente en Düsseldorf, Alemania, realicé estudios culturales sobre las Américas (mi carrera de maestría tenía el sugerente nombre Las Américas – The Americas – Les Ameriques) y también el doctorado. Come se puede ver, hay varias etapas en mi vida, cuyo denominador común es el nomadismo. 

Mis intereses están ligados a la literatura latinoamericana, me encanta la cultura popular, la música, la cocina y también me gusta todo lo relacionado con los idiomas, en específico las variedades del español, los idiomas de los nativos de América y también la enseñanza de los idiomas (entre otras cosas…). Me gusta bailar y andar en bici.

¿Cómo fue tu primer vínculo con la Escuela de Español de Middlebury?

Yo llegué a Middlebury en el 2012, en aquel entonces vivía en México, trabajaba en la UNAM. Cuando fui la primera vez a Middlebury, en el aeropuerto de la Ciudad de México, me topé con alguien que hizo el mismo viaje que yo, las mismas escalas y con quien luego, en el medio de la noche, compartí el taxi para Middlebury. Resultó ser Ricardo Chávez. En este mismo taxi conocí a otros colegas que habían llegado en el medio de la noche. Ya desde el primer momento me fascinó el ambiente, los colegas tan amenos, divertidos, polifacéticos (cada uno es un descubrimiento). Me encanta además el alto nivel professional de todos ellos. Algunos se han vuelto amigos entrañables. 

En 2012 empecé a trabajar en el programa como tutora, con Edna, creo que fuimos las primeras del programa y luego de dos años en las tutorías me asignaron cursos en el programa de siete semanas, siempre en los curso de Sociedades y Culturas Hispánicas y comunicación oral y escrita.

¿Cómo describirías la experiencia de enseñar en el programa de Middlebury? 

Lo que me gusta del programa de Middlebury es que es muy ameno, todos los años resulta ser una experiencia diferente y siempre valiosa.  Primeramente, disfruto de trabajar con colegas competentes y capaces que estimo mucho. Es una experiencia muy provechosa para mí, que se enriquece cada año con el cariño, el respeto y la amistad que se genera. En segundo lugar, dar clases en Middlebury es algo especial, aprecio la heterogeneidad de los estudiantes, sus vidas y experiencias tan diversas.  A Middlebury llegan personas sinceramente fascinantes. La naturaleza misma del programa produce mucha cercanía tanto con los colegas como con los estudiantes. El nivel de comunidad, de compañerismo, de amistad, que se logra alcanzar, es único.

¿De qué manera fomentas el sentido de comunidad en tus cursos ahora que el programa se lleva a cabo virtualmente? 

Lo que nos toca vivir ahora representa un desafío. El programa en sí está diseñado para la modalidad presencial y, ahora, tenemos que suplir de alguna manera esta falta. Desde luego también para la clase es un reto, porque hay que encontrar otras maneras de involucrar a los estudiantes. Este verano doy clase de Sociedades y culturas hispánicas en nivel 1 y trato de fomentar este sentido de comunidad despertando el interés por los países de habla hispana. Me da mucha satisfacción cuando los estudiantes se asombran frente a ciertos temas, cuando descubren cosas que no sabían y se quedan con curiosidad y ganas de profundizar más. Además los animo a que vayan a las zonas zunzún, a las actividades co-curriculares, trato de fomentar que busquen espacios para hablar entre sí afuera de la clase. Creo que aunque sea virtual, el programa sigue ofreciendo muchas actividades para fomenter este sentido de comunidad. Junto con algunos compañeros, me ocupo de las películas, de los conciertos, de la radio y de la radionovela. 

Y para cerrar, ¿qué mensaje, consejo o reflexión quisieras compartir con la comunidad en general de la Escuela?

A los estudiantes, que sigan aprendiendo este idioma hermoso, que es el español. Para mí personalmente es un idioma que se ha vuelto mi casa, y que me ha dado mucho. Ojalá que algunos de los estudiantes de este verano puedan repetir la experiencia, también en la modalidad presencial, que es algo muy lindo. Sin embargo, estoy convencida de que el esfuerzo conjunto nos está demostrando que estamos reaccionando de manera excelente frente al reto de las circunstancias actuales. 

¡A todos les deseo un buen verano y ojalá podamos vernos el año que viene!