En Las Montañas De Vermont: Los Exiliados En La Escuela Española De Middlebury College (1937-1963)

Epílogo

Al final de toda sesión de verano, hacia mediados de agosto, el campus se vacía como por encanto. Dormitorios, aulas, comedores, campos de deportes, teatros, pasillos, un todo dedicado exclusivamente a la enseñanza y aprendizaje de lenguas, se quedan sin el elemento vital que fluye entre ellos dándoles vida, estudiantes y profesores. El silencio puede resultar sobrecogedor. Un poeta y profesor de la Escuela lo ha expresado así:

ÚLTIMO DÍA

Callan las voces, y el vacío suena
Sólo con ecos. ¿Dónde la palabra?
¿En qué rincón del mundo, en qué país,
ya sin color, como la alondra se alza?

Ya todo el mundo ausente,
flota en el aire como su fantasma.
No se la ve, pero las hojas ruedan
al toque imperceptible de sus alas.

¿Qué recuerdo, de qué, por qué persiste
a la luz de un agosto que se acaba?
¿De qué boca salió; por qué se queda
herida y viva aún esta mañana?

Palabra dicha ayer, que para todos
era de sí, de no, de letra clara,
y que no sabe ya donde posarse
porque nadie la atiende ni la ampara,

y que para acabar serenamente
en el canto de sí, callada,
se ha venido a la pluma que la escribe
y la deja caer en esta página.

Eugenio Florit
Middlebury, 1958

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