Marta Sánchez Millán

Conociendo a Marta Sánchez

Daniel Sefami


Bueno Marta, pues gracias. Primero te quería preguntar dónde naciste y creciste.

Yo nací en Madrid pero toda mi familia es de Valencia y tengo una vinculación afectiva muy grande con la ciudad de Valencia. Mi padre fue a trabajar a Madrid, él era valenciano, y ahí se estableció y ahí nací yo, y toda la vida he vivido ahí, salvo un periodo de tiempo que estuve aquí en Estados Unidos, en Boston. Y me encanta Madrid, pero ya digo que tengo esos orígenes de Valencia que también tienen un peso en mi personalidad.

¿Te consideras más de personalidad valenciana que madrileña?

Sí. La cosa es que cuando me preguntan: “¿de dónde eres?”, siempre tengo la duda. Madrid es una ciudad donde he vivido y he trabajado siempre, y me encanta, es una ciudad ruidosa y sucia, pero muy atractiva por distintas razones. Pero Valencia es el Mediterráneo y es la costa, y ahí tengo gente muy querida y también la familia. Así que las dos ciudades configuran un poco mi historia, mi trayectoria.

¿Entonces estudiaste en Madrid y después la universidad también la hiciste ahí?

Sí. Yo estudié secundaria en Madrid y estudié en la Universidad Complutense. Primero estudié la carrera de derecho porque, cuando yo estaba en los últimos años de secundaria, murió Franco y esa época fue una época de mucha esperanza, de mucho cambio. Y entonces yo, que era muy jovencita, estaba muy interesada en la política. Estaba muy metida dentro de lo posible en la política y quise hacer una carrera que sirviera un poco para transformar el país. Entonces decidí estudiar leyes y empecé la carrera de derecho en la Universidad Complutense. El problema era que yo tenía un espíritu idealista de todo lo que iba a poder hacer en política, pero realmente me gustaba la literatura, y estuve cinco años tratando de interesarme por el Derecho Civil y el Derecho Procesal y el Derecho Administrativo y el Financiero sin conseguirlo, sin gran éxito. Había asignaturas que me gustaban mucho de teoría política, pero luego el estudio propiamente de las leyes no conseguí que me gustara. Así que justamente cuando terminé la carrera, decidí matricularme en Filología Hispánica y estudié otros cinco años ahí y finalmente me dediqué a la enseñanza de la literatura y de la lengua que era lo que más me gustaba.

¿Y empezaste muy pronto a dar clases de lengua? Supongo que es muy diferente enseñar literatura a enseñar español como segunda lengua, por ejemplo.

Sí. Terminé la carrera, terminé de estudiar Filología Hispánica, y empecé a dar clases de español como segunda lengua en lo que se llamaba entonces Centro de Estudios de la Universidad de California, que estaba vinculado a la Universidad Complutense en Madrid y eran unos programas de distintas universidades de California allí en España. Estuve varios años y fue una experiencia muy interesante. Fue realmente mi primer contacto con estudiantes americanos, y entonces yo era muy joven y disfruté muchísimo aquello. Después con el tiempo vinimos mi esposo y yo a Estados Unidos porque a mi esposo le dieron una beca para estar trabajando, investigando en Boston, en la universidad de Harvard, y yo vine como esposa de él con ganas de tener un periodo de vida tranquilo, trabajando en mi tesis y de esposa de investigador. Pero la beca que recibimos era en pesetas entonces y cuando pasábamos ese dinero a dólares no teníamos bastante para llegar a final de mes. Entonces yo empecé a dar clases. Empecé a dar clases particulares, primero, para obtener un poco más de dinero; después, estuve un semestre en la Universidad de Boston; y después entré para dar clases también de español como segunda lengua en Harvard, y ahí estuve dos años. Eso me entusiasmó: ver cuán flexible es el sistema aquí en Estados Unidos, que te permite realmente demostrar si puedes hacer algo o no, pero exista esa opción. Tú presentas tu curriculum, así es como yo lo hice, y estuve ahí dos años trabajando, y después regresamos a España. Al cabo de unos años volvimos a Estados Unidos, aquí durante los veranos a Middlebury para seguir trabajando en la misma actividad.

¿En qué año fue que llegaron por primera vez a Middlebury?

Nosotros llegamos por primera vez en el verano del 2008. Es decir, creo que este es nuestro noveno verano aquí.

¡Nueve años! ¿Y cómo fue la vinculación con la Escuela?

Pues la vinculación también en este caso fue a través de Paco, porque Paco estaba trabajando para la universidad de Middlebury en Madrid y a él le ofrecieron venir aquí a dar clases durante el verano, entonces yo me propuse también y entregué mi curriculum y me aceptaron para dar clases de lengua aquí también. La verdad es que la universidad de Middlebury para mí tiene un significado muy especial. Durante todos estos años ha sido muy importante tanto profesional como personalmente. Y además hay una historia bonita, una historia emotiva. Mi padre era también profesor de literatura y él vino aquí con mi madre hace muchos años en el verano del 68, 69 y 70. Entonces yo era una niña y yo prefería quedarme en Valencia con mis amigas y con mi abuela, y no veníamos ni mi hermana ni yo con mis padres aquí. Pero yo los escuchaba hablar de Middlebury y tengo todavía tarjetas postales que ellos nos enviaban cuando nosotras estábamos allí de pequeñas. A mi madre le encantaba esto y siempre hablaba del paisaje, de los árboles, le gustaba muchísimo venir. Pero mi madre murió en el año 71. Tuvimos un accidente de tráfico y ella murió en el accidente y mi padre nunca más quiso volver aquí porque no se imaginaba que él podría estar aquí bien sin mi madre después de aquellos tres veranos tan fantásticos con ella. Así que él ya no vino nunca más. Y al cabo de los años, por cuestiones rocambolescas, llegamos Paco y yo en el año 2008, y toda esa historia de mi familia de repente se me hizo presente y he encontrado aquí algunos estudiantes de años anteriores que habían sido alumnos de mi padre. Así que es una historia emotiva para mí y muy importante en mi vida, claro.

¿Normalmente durante esos nueves años has trabajado con los chicos de Nivel 1 o has variado?

Desde el primer momento he trabajado con estudiantes principiantes. Empecé con 1.5 y después con Nivel 1. Y tengo que decir que es una experiencia gratísima porque es admirable el esfuerzo tan extraordinario que hacen y es maravilloso ver el proceso de aprendizaje. Estos niveles, el nivel 1 y el 1.5, son muy agradecidos porque ahí ves realmente el resultado de ese esfuerzo y es donde más fácilmente se puede apreciar el progreso de alguien que era incapaz de decir nada en una lengua a un momento en el que puede comunicar muchísimo, y es muy gratificante para un profesor.

Marta, ya para terminar, no sé si quieras darle un consejo o algunas palabras a los que son tus alumnos, en general a la comunidad de Middlebury, pero a los que son particularmente tus alumnos este año.

Yo no sé dar muchos consejos, pero el consejo es que disfruten. Hay aquí muchísimas posibilidades para aprender, para pasarlo bien y el consejo es ese: que trabajen duro como lo hacen y que sepan disfrutar del resultado de ese trabajo y de la estancia y la interacción con gente tan estupenda como la que hay aquí en Middlebury.

 

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