Carmen De la Guardia

Conociendo a Carmen de la Guardia

Daniel Sefami


Carmen, primero, gracias por la entrevista. Cuéntanos de dónde eres y dónde creciste.

Pues, nací en Palma de Mallorca que es una ciudad preciosa de una isla. Soy isleña, del Mediterráneo. Y tuve la suerte de crecer allí, y allí empecé mis estudios. Y luego, ya para estudiar bachillerato me trasladé con mi familia a Madrid y es donde también acudí a la universidad.

¿Fuiste bilingüe desde temprana edad?

No, no lo fui. No lo fui porque mi familia no era mallorquina, eran emigrantes. La familia de mi madre, o sea mi abuela materna, eran emigrantes de Murcia, con lo cual hablaban en casa español en ese entonces, estamos hablando de finales de la década de los años cincuenta y los primeros años de los sesenta, en plena dictadura franquista. El mallorquín estaba prohibido en la escuela con lo cual no tuve la oportunidad ni la suerte de crecer con el mallorquín y el castellano pero sí tuve la suerte, y tengo la suerte, de poder leerlo, y bueno, algo puedo hablar.

Y cuando te fuiste a Madrid, ¿estuviste en la Complutense, en la Autónoma de Madrid o en otro lugar?

Primero estuve en un instituto, en un instituto de enseñanza media al que tengo un enorme cariño, que era el Beatriz Galindo. Entonces tampoco existía la coeducación, es decir, los chicos y las chicas estudiábamos en institutos públicos distintos, y el mío… era francamente bueno porque uno de los castigos que hacía el dictador era enviar a gente muy potente fuera de la universidad y enseñar, en este caso a niñas de quince, dieciséis y diecisiete años. Entonces en mi instituto estaba Gerardo Diego, estaba Don Antonio Domínguez Ortiz, ¡un plantel de profesores inmenso, grande, fantástico! Y bueno, pues, lo recuerdo con mucho cariño, y luego, ya después desde el instituto, sí pasé a la Universidad Autónoma de Madrid, ya a cursar historia.

¿Qué materias tomabas y hacia dónde orientaste tu formación?  

Hice historia, historia contemporánea porque en realidad me interesaba mucho entender lo que estaba ocurriendo en ese momento que era la transición democrática española. Me interesaba la política, la historia social, la historia cultural y en la Autónoma encontré que podía satisfacer esos intereses con profesores magníficos como Manuel Pérez Ledesma o mi director de tesis, Miguel Artola. Y desde el principio me interesé por la historia social y política y después, a través de los estudios de género, me fui inclinando más hacia una historia cultural, hacia una historia de las mujeres, de las minorías, trasformando así la forma de escribir y también la forma de revisar las fuentes para reflexionar históricamente.

¿Y esa es el área de tu docencia aquí en el college?

Sí. He tenido la suerte siempre de poder compaginar mis intereses investigadores con la docencia, y yo creo que es en cierta medida un privilegio porque no solo piensas las clases sino que también piensas con las clases, con la reflexión que el intercambio con tus estudiantes te hace tener. Y aprendes mucho de ellos y de sus miradas y de sus preguntas. Dirigiendo se aprende también mucho. Entonces sí, siempre he podido compaginar mis intereses investigadores: la historia de las mujeres, la historia cultural de la política, con mis proyectos docentes. Y en este sentido, Middlebury es un ejemplo en donde podemos diseñar cursos nuevos y podemos también mover los contenidos de los cursos conforme nosotros vamos aprendiendo.

¿Tienes alguna orientación hacia una época en particular o haces un estudio de carácter general?

He tenido un largo recorrido porque empecé a trabajar mujeres en el siglo dieciocho y también mujeres acomodadas que son las que tenían más fuentes. Es decir, las que aparecen en la literatura, las que aparecen en los testamentos, en los protocolos. Pero luego he ido moviéndome y ahora estoy trabajando el siglo veinte y estoy trabajando mujeres trabajadoras, o mujeres de las minorías. Que es verdaderamente un reto porque hay menos huellas visibles de ellas y de sus compromisos y de sus problemas y dificultades. O sea que he tenido un recorrido largo tanto en el tiempo como en el grupo social dentro de las mujeres que me interesan y ahora también estoy trabajando desde una perspectiva de transgéneros. Es decir, me empieza a interesar mucho los movimientos de un lado hacia otro, las construcciones de identidades y, bueno, siempre hay camino dentro de la propia historia de la mujeres y siempre hay algo que te apasiona. Y se mueve. Menos mal que se mueve (risas).

A Midd tienes ya algún tiempo viniendo ¿verdad?

¡Sí! Me invitaron por primera vez en el año 2004. Luego, no vine en el 2005. En el 2004, el primer año, me impactó para bien, pero también me pareció duro y difícil. Y luego ya regresé desde el 2006 y me gusta mucho. Lo encuentro una oportunidad extraordinaria tanto por las clases que creo que para nosotros, los profesores de una universidad pública, como es mi caso, en una ciudad grande, tener clases de Maestría con pocos estudiantes, o clases de los graduados con pocos, o, o no sé cómo se dice, ¿no?, los que no se han graduado todavía (risas); clases de grado con pocos estudiantes, pues es un auténtico privilegio y además los estudiantes son muy buenos, pero también me parece un privilegio compartir y tener como compañeros a profesores de todas las partes del mundo; es un aprendizaje continuo. Entonces, me gusta la comunidad que establecemos en Middlebury y también la posibilidad de asistir a conferencias, a mesas redondas, a proyecciones de películas de la calidad que aquí tenemos ¿no? Es un auténtico lujo. Me encanta Vermont y su naturaleza naturaleza. Estoy muy contenta de estar aquí.

¿Y empezaste como profesora cuando viniste por primera vez en el 2004?

Sí, sí, empecé ya como profesora graduada; hacía años que había leído la tesis. Leí la tesis en el 92, por lo cual llevaba años enseñando cursos graduados en la Autónoma, entonces vine ya como profesora graduada a enseñar cursos de historia, y cursos sobre todo de historia de las mujeres, que es mi área de especialización. Y desde entonces he seguido haciendo más o menos lo mismo.

¿Y desde cuando te convertiste, además, en directora del programa de los graduados?

Pues, cuando se fue un compañero muy querido, ya jubilado, que tenía ganas de hacer otras cosas, que era Antonio Carreño; yo le sustituí, eso debe ser hace tres años. Y estoy muy contenta también con la posibilidad que me ha dado Jacobo de ayudarle con el programa graduado. Aprendes mucho y conoces a la Escuela Española desde otra perspectiva, ¿no? también muy interesante, que es la organización y los contenidos de las clases. Puedes ayudar a los estudiantes con muchas cosas. O sea que estoy muy contenta. Y también, sobre todo, ese fue el camino para conocer mejor a los estudiantes del DML, del Doctorado en Lenguas Modernas, que es algo único de Middlebury, muy interesante y que estoy llegando a conocer muy bien y es un programa que hay que mimar y querer mucho. Y sobre todo a sus estudiantes.

Para terminar, Carmen, ¿hay algún consejo o palabra que quieras darles a los chicos del programa en general, no sólo a los graduados?

Pues yo creo que a todos los estudiantes que conforman la comunidad de Middlebury: graduados, de Maestría y también de doctorado, que tenemos un privilegio que es compartir y aprender y estudiar, pero además de eso yo creo que podemos disfrutar mucho, ¿no?, disfrutar mucho de otras cosas: de la diversidad de miradas que van a tener a través de sus clases y de la experiencia de sus compañeros, pues es una convivencia muy intensa. Y el consejo es que aprendan pero también disfruten, y compartan y crezcan con esta experiencia de Middlebury.

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